El azúcar y tu salud

El azúcar y tu salud

En los últimos años se está viviendo una particular de cruzada contra el azúcar, a la que muchos estudios empiezan a señalar como la responsable de los principales problemas de salud que amenazan al mundo civilizado (cáncer, obesidad, enfermedad cardiovascular) y otros se atreven a etiquetar de “veneno dulce“. Quizás por la diferencia entre azúcar y glucosa (fundamental para que nuestro organismo produzca la energía necesaria de cada día).

Últimamente también, la prensa se ha hecho eco de las presiones del lobby azucarero, y sus empresas más emblemáticas, para frenar la publicación de estudios científicos que alertaban de los riesgos del azúcar para la salud, y su relación con la epidemia de obesidad, precisamente editando estudios contradictorios o culpando a otros alimentos de la obesidad. La obesidad, sobre todo la obesidad infantil, se está sufriendo prácticamente en todos los países del mundo, con especial intensidad en España, México, EEUU o Inglaterra.

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Cultura alimentaria

Todo este ruido está ayudando a que tomemos conciencia de cómo nuestra alimentación afecta a nuestra salud, y cada vez se ve más gente preocupada por conocer lo que come, es decir, por su cultura alimentaria, que es uno de los “ingredientes” de su estilo de vida. Se puede definir la cultura alimentaria como la “formación de hábitos alimentarios necesarios para mejorar la calidad de vida y que sirva de base y permita a la población la adopción de actitudes y prácticas alimentarias adecuadas y saludables“.

Un indicador de esto puede ser la evolución de las tiendas de productos ecológicos. Hace unos años era prácticamente imposible encontrar productos ecológicos en España, a pesar de ser un importante productor a nivel mundial, y hoy es raro el barrio de nuestras ciudades que no dispone de algún tipo de establecimiento que los comercialice. Incluso las grandes superficies han incorporado los productos ECO (o BIO), a sus estanterías. Hay que tener en cuenta que comer ecológico no sólo es más saludable, sino que además ayuda a mejorar el medio ambiente. Si tu bolsillo te lo permite, ¡no lo dudes!

Debemos vigilar el azúcar que ingerimos

En cuanto al azúcar, si analizamos cómo se ha ido introduciendo en la dieta humana desde los orígenes, podremos entender cuál es el efecto que tiene en nuestro organismo, y de esta manera conocer mejor los riesgos de una ingesta excesiva.

Lo primero que debemos tener en cuenta es la forma en que aparece el azúcar en la naturaleza. De forma general el azúcar está presente principalmente en las frutas, en verduras en menor medida, en la miel, en algunos troncos y en la savia de plantas como la caña de azúcar o el arce dulce y poco más. En los orígenes de la humanidad los alimentos azucarados no eran muy frecuentes, y generalmente presentaban una fuerte estacionalidad, es decir, no estaban disponibles todo el año.

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Una diferencia de los azúcares originales y los que hoy tenemos en nuestro azucarero y añadidos en los alimentos procesados, es que, los azúcares originales, venían en un paquete junto con otras muchas cosas, como fibra (regula la entrada del azúcar en la sangre) y nutrientes varios, que el denominado azúcar libre ha eliminado. En este sentido hay que tener en cuenta que todo el azúcar que se comercializa viene de fuentes naturales (exceptuando las sacarinas, que son endulzantes químicos), aunque eso no implica que sean saludables.

En cuanto a su efecto en la dieta, los alimentos ricos en azúcares, principalmente aportaban energía, pero también minerales, vitaminas y nutrientes que ayudaban a completar una dieta, que en muchos casos sería bastante deficiente. De este modo, el aporte energético, de vitaminas, minerales y micronutrientes de estos alimentos, fue muy positivo para nuestro desarrollo como especie, de modo que nuestro organismo, desarrolló mecanismos naturales de recompensa, para garantizar que cuando nos encontrásemos una fuente de estos alimentos la aprovecháramos a tope, dado que no sabías cuánto tardarías en encontrarte de nuevo con otra.

El problema en nuestras sociedades desarrolladas, es que nuestra despensa es una fuente inagotable y permanente de estos alimentos azucarados, y el mismo mecanismo defensivo que nos permitió sobrevivir en su día, hoy nos pone en riesgo.

Exceso de glucosa en sangre

Además del sistema de recompensa, el organismo tuvo que desarrollar un mecanismo para procesar el azúcar, dado que el exceso de glucosa en sangre (hiperglucemia) genera serios problemas. Así, cuando se sobrepasa el nivel de glucosa admisible, se pone en marcha la insulina que básicamente es la responsable de buscar acomodo a la glucosa, primero en los músculos, si es que los hemos trabajado y tenemos hueco, y después en tus “michelines” en forma de grasa. Esto era estupendo en el pasado, porque el azúcar pronto desaparecía de la dieta, y con las escaseces, venía bien disponer de reservas almacenadas ante jornadas con mucha actividad física.

Una cuestión importante y que muchas veces se nos olvida, es que la principal reserva de energía del cuerpo está en forma de grasa, y esto no es una cuestión baladí, porque si funcionamos con una inyección permanente de hidratos de carbono, ¿cuándo quemamos la grasa de reserva? En muchos casos la respuesta es, nunca, con lo que si no se quema la grasa de reserva, y seguimos almacenando el exceso de glucosa en forma de nueva y reluciente grasa, el resultado es la obesidad. Y todo esto sin habernos tomado un torrezno.

Estos dos mecanismos de recompensa y acumulación no han cambiado mucho de aquellos tiempos a nuestros días. Lo que sí que ha cambiado, como hemos visto, es la disponibilidad del azúcar en la dieta y sus características. Si a todo ello unimos que la industria alimentaria multinacional ha aprovechado el mecanismo de recompensa de nuestro sistema, para hacernos adictos a sus productos en mayor o menor medida azucarados, tenemos la bomba montada.

Vamos a cerrar esta entrada con unos consejos prácticos:

 Recorta el azúcar de tu dieta de forma paulatina, educa tu paladar a otros sabores, y reduce tu dependencia del azúcar;

 No olvides que el azúcar está en todas partes, y lo de menos es la cucharadita que te echas en el café. Come alimentos que tus abuelos reconocerían como alimentos, y cocínalos tú mismo frente a lo industrial y procesado. Toma el control de lo que comes.

 Si quieres endulzar algo tus alimentos, recurre a la miel, las savias de plantas, la melaza, o a los endulzantes que tengan los nutrientes que complementan los azúcares.

 Come antes una fruta completa que un zumo. Al hacer el zumo liberamos los azúcares y los dejamos sin control.

 A nadie le amarga un dulce, pero de vez en cuando, y a ser posible hazlo coincidir con el día en que hagas ejercicio físico, que debería ser un hábito diario y duradero.

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