Estilo de vida

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El estilo de vida es el conjunto de actitudes y comportamientos que adoptan y desarrollan las personas de forma individual o colectiva para satisfacer sus necesidades como seres humanos y alcanzar su desarrollo personal.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) definió en 1986 el estilo de vida como “una forma general de vida basada en la interacción entre las condiciones de vida en un sentido amplio y los patrones individuales de conducta determinados por factores socioculturales y características personales”.

El estilo de vida que adoptamos tiene repercusión en la salud tanto física como psíquica.

Un estilo de vida saludable repercute de forma positiva en la salud. Comprende hábitos como la práctica habitual de ejercicio, una alimentación adecuada y saludable, el disfrute del tiempo libre, actividades de socialización, mantener la autoestima alta, etc.

Un estilo de vida poco saludable es causa de numerosas enfermedades como la obesidad o el estrés. Comprende hábitos como el consumo de sustancias tóxicas (alcohol, drogas), el tabaquismo, el sedentarismo, las prisas, la exposición a contaminantes, etc.

Mejorar la alimentación para un estilo de vida saludable

Estás en casa, en la oficina, en el trabajo, en el coche, etc dándole vueltas a la cabeza para ver qué haces para cambiar algún aspecto de tu vida que, por ahora, no te gusta cómo lo llevas (dieta, estrés, relación con tus hijos, ejercicio, hábitos alimenticios, tiempo libre, etc) y estas buscando en internet pautas para una vida más saludable.

Aquí te damos unos consejos fáciles que te van a ayudar a conseguir una vida más saludable tanto para ti como para los que te rodean. Estos hábitos saludables que proponemos son para prevenir enfermedades físicas y psíquicas. Al prevenir estamos haciendo vida saludable ya que iremos menos al médico, tomaremos menos medicinas y estaremos más fuertes para afrontar el día a día.

El primer cambio de estilo de vida (tal vez el más importante) que debemos hacer es una revisión de nuestra despensa y cocina. Los productos que no es aconsejable mantener en la despensa para este nuevo cambio que queremos hacer son el azúcar refinada (azúcar blanquilla), las harinas refinadas, los productos precocinados, los snacks fritos, los productos light y las chucherías (chicles, caramelos, gominolas, etc.).

Cambiar de estilo de vida exige un cambio fácil pero drástico a la vez, pero si quieres hacer un cambio hay que hacerlo de una vez por todas y pasar esa zona de confort en la que estábamos atascados y de la que queremos salir pero no sabíamos cómo. Una vez que hemos detectado todos estos productos debemos sustituirlos por productos integrales (el arroz, la harina, la pasta).

  • Los azúcares a poder ser siempre por miel o bien por azúcares de caña integrales siempre y, a poder ser, mejor todavía si son ecológicos (esto ya depende del bolsillo de cada uno, de qué tiendas o productos tenemos cerca de la zona, etc.).
  • Siempre hay que tener productos frescos en casa como frutas, verduras, hortalizas, tubérculos, huevos, carne, pescado, queso, etc. Es indispensable tener en la despensa legumbres tanto secas como ya cocidas (lentejas, alubias, garbanzos, guisantes, etc).
  • Tener conservas de pescado muy ricas en vitaminas y minerales. El pescado pequeño es mucho más aconsejable que los pescados grandes tipo salmón, atún, merluza, etc. Las conservas o botes de verduras ya cocidas (alcachofas cocidas, espinacas, pimientos, judía verde, etc) son muy socorridas a la vez que útiles para gente que no tiene tiempo o no le gusta cocinar y en un plis plas se pueden hacer ricos y saludables platos.
  • Por último los congelados. Huye de la comida precocinada congelada. Hablamos de carnes, pescados o verduras congeladas, fáciles de tenerlas siempre en casa. Se pueden sacar por la mañana para cocinarlas cuando tengamos tiempo.

Para todas estas personas que dicen no tener tiempo hay dos cosas, muy, muy fáciles para poder ahorrar tiempo, dinero y tener estos cambios saludables. Estas dos cosas son: hacer un menú mensual o semanal y así la lista de la compra la harás conforme a ello. Parece una tontería pero al final sabes lo que vas a comer, puedes ver cuantas veces por semana comes legumbres, o huevos, etc y cuantas no comes de algo. Te organizas, te tomas un tiempo en pensar en tus comidas y al final todo son ventajas.

  • Los frutos secos. Son otro producto que debemos tener en nuestra cocina. Deben ser naturales u horneados, mejor que fritos por las grasas saturadas. Son un complemento muy bueno para las dietas saludables ya que nos aportan grasas, saciedad y vitaminas (si lo que se quiere es perder peso los frutos secos se deben comer en pequeñas cantidades ya que son saciantes). En este apartado también se pueden incluir las frutas deshidratadas (uvas pasas, ciruelas, orejones siempre que no se les haya añadido azúcar). Son una rica fuente de fibra, vitaminas y minerales a la vez que una rica “chuche” para ti y tus hijos. Tal vez la primera vez no les guste, pero están dulces y ricas, no siempre a la primera han salido las cosas, se constante y poco a poco cambiaremos nuestro paladar y nuestros gustos.
  • El cuanto a los arroces, patatas y tubérculos (hidratos de carbono), como hemos comentado más arriba, deben ser integrales y para aquellas personas que tengan problemas con las digestiones pesadas, evitar que sean de trigo (ya hay en el mercado muchas marcas que ofrecen pastas de maíz, pasta de arroz, quinoa, etc). Ahora bien, la pasta, que es otro tipo de hidrato de carbono aunque sea integral, hay que comerla muy de vez en cuando, una o dos veces al mes, siempre complementados con verduras y ensaladas.
  • En cuanto a las ensaladas, hacen que mastiquemos, que tomemos productos frescos, fuente de vitaminas y fibra y tienen un efecto saciante en las comidas. Las ensaladas pueden ser un plato completo ya que les podemos poner aguacate, semillas como pipas de girasol, calabaza, frutos secos, todo tipo de verduras e incluso frutas (manzana, naranja, uvas) pollo cocinado, gambas cocidas, huevo duro, queso etc. Son un plato indispensable en todas todas las comidas. Mejor a la hora de comer ya que tienen mucho líquido y si se toman por la noche harán que nos tengamos que levantar para ir al baño (eso ya se deja a elección del consumidor).
  • Huevos. Este rico producto se ha llevado la palma en premios al ganador en colesterol, pero no es así. El huevo es un producto fresco, lleno de vitaminas, alto en proteínas y tiene efecto saciante. ¿Por qué la gente pregunta cuántos huevos puede comer al día, preocupada por su colesterol y no se pregunta si come demasiadas galletas azucaradas o cuántas chocolatinas o chuches come al día o si toma demasiados cereales? La realidad es que es peor comer galletas azucaradas todos los días que comerse un huevo al día. Los huevos, mejor si son ecológicos y de gallinas de campo. Todo depende del bolsillo de cada uno, pero recuerda, estamos haciendo que nuestra comida sea fuente de salud. Los huevos se pueden comer cocidos, en tortilla, al plato, fritos (este ya sabes si lo que quieres es perder peso, mejor en tortilla o al plato). El huevo es un aliado en los desayunos, mejor una buena tortilla con atún o con verduras o con lo que te guste que galletas o cereales. Es un buen comienzo del día.
  • Nos quedan los lácteos. Arggg, la pregunta del millón: ¿lácteos sí o lácteos no? Los lácteos son uno de los productos más indigestos. No hay ser vivo que tras la lactancia materna siga tomando leche. Hay muchas variedades de leche: leche fresca, bebidas vegetales y en distintas presentaciones. Los yogures, mantequillas y quesos mejor de leche cruda y a poder ser ecológicos o de leche de cabra son más digestivos. Si eres de los que la leche te sienta bien pues tómala entera.

Antes hemos hablado de los desayunos, a partir de ahora toca desayunar muchas cosas ricas con mucha fibra, minerales y vitaminas que te van a hacer no pasar hambre en toda la mañana. Prepárate un plato combinado con fruta, tortilla de huevo, huevos revueltos, huevo duro, algún fruto seco como nueces, algo de atún, tortitas de avena o alguna tostada. Deja de lado las galletas y los cereales. Puedes también hacer tus bizcochos. Así sabrás lo que llevan (productos naturales, menos azúcar que los comprados en el supermercado, aceites naturales y no grasas saturadas e incluso los puedes hacer con leche vegetal y no leche de vaca). Si educas el paladar de tus hijos y les enseñas a comer sano ellos te lo agradecerán también.

Qué alimentos y en qué proporción

Ya hemos visto que debemos comprar alimentos frescos y a ser posible sin procesar para una alimentación saludable. La siguiente cuestión es su distribución en nuestra dieta diaria: los expertos aconsejan un 50% de frutas y verduras y el resto de ese 50% entre proteínas (carnes, pescados y legumbres), grasas saludables (frutos secos, aguacates y aceite de oliva), huevos e hidratos de carbono saludable (arroz integral, patatas, yucas, boniatos, avena, quinoa, etc).

La actividad física

Cambiar a un estilo de vida saludable es cambiar de hábitos y en los hábito no están solo los alimentarios sino que la actividad física diaria tiene un papel crucial. Empieza a optar por subir y bajar escaleras en vez de usar el ascensor. Procura ir al trabajo a pie o en bicicleta, dedicando el trayecto a pasear y pensar relajadamente en lo que necesites en ese momento. Si puedes, deja el coche aparcado. Tu bolsillo y tu cuerpo te lo agradecerán.

Otro tipo de actividad física son aquellas que exigen actividad en vez de una actitud pasiva como sentarse a ver el televisor o internet. Hacer manualidades, leer, pintar, oír música hacer cosas que nos gusten y nos relajen es deseable.

Socializar es también muy importante para la paz interior. Salir con los amigos, dedicar tiempo para cuidarnos por dentro y por fuera, alimentar nuestro espíritu con las cosas que nos hacen felices, compartir el tiempo con los hijos y con personas que nos aporten felicidad y no sean tóxicas, harán que nuestra vida mental y física mejoren.

Siempre se ha dicho mens sana in corpore sano, pues vamos, pongámoslo en práctica. La realidad es que no tenemos todo el tiempo del mundo y tenemos muchas cosas que hacer entre trabajo, comida, niños, etc. Un cambio de hábitos no se hace en un solo día. Pero siempre podemos sacar un rato, media hora al día para hacer algo que nos relaje y nos guste. Poco a poco quedará ese poso de felicidad, de hacer algo que nos gusta hacer para nosotros, para nuestro bien psíquico, algo que nos ayudará a relajarnos y complementar así esta nueva vida saludable. Prueba a hacer eso que tantas veces has dicho que ibas a hacer, pero no te atreves. Prueba cosas nuevas. Tal vez te gusten más de lo que piensas y hace que salgas de tu zona de confort. Renovarse o morir.

Fuentes:
Wikipedia
Web de la ONG Funlibre (www.funlibre.org)

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