No todas las enfermedades relacionadas con el trabajo se reconocen automáticamente como enfermedades profesionales. De hecho, muchas bajas laborales comienzan siendo tratadas como una enfermedad común, aunque el origen real de la dolencia esté en la actividad que desempeña el trabajador.
Esta diferencia no es un simple tecnicismo. Que una enfermedad sea reconocida como profesional puede traducirse en mejores prestaciones económicas, una mayor protección por parte de la Seguridad Social e incluso el acceso a una incapacidad permanente en condiciones más favorables.
En este artículo explicamos qué se considera una enfermedad profesional de la mano de Grupo novalegal. Veremos cuáles son los casos más frecuentes, qué pasos debes seguir para solicitar su reconocimiento y qué hacer si la mutua emite un informe desfavorable.
¿Qué es una enfermedad profesional?
La Ley General de la Seguridad Social poner dos condiciones para considerar una enfermedad como profesional.
La primera es que se haya contraído a consecuencia del trabajo realizado por cuenta ajena. Y la segunda, que esté incluida en el cuadro oficial de enfermedades profesionales aprobado por el Gobierno.
A la hora de reclamar nuestro caso particular no basta con haber enfermado por causa de nuestra actividad laboral. Además, es necesario demostrar que existe una relación directa entre la enfermedad y la actividad laboral desarrollada.
Antes de todo, conviene distinguir este concepto de la enfermedad profesional con otras dos acepciones muy habituales en entornos laborales:
- Enfermedad común: es la que no guarda relación con el trabajo realizado.
- Accidente de trabajo: se produce por un hecho súbito o puntual durante la jornada laboral o como consecuencia de ella.
- Enfermedad profesional: aparece normalmente de forma progresiva tras una exposición continuada a determinados riesgos laborales.
Ejemplos de enfermedades profesionales
El catálogo oficial de enfermedades profesionales recoge numerosas patologías agrupadas según el agente que las provoca.
Algunos de los ejemplos más habituales son los siguientes.
Enfermedades causadas por movimientos repetitivos
Son muy frecuentes en trabajadores de oficinas, fábricas, cadenas de montaje o comercios.
Entre ellas destacan:
- síndrome del túnel carpiano;
- tendinitis;
- epicondilitis (codo de tenista);
- bursitis.
Enfermedades respiratorias
Pueden aparecer tras años de exposición a polvo, fibras, humos o determinados productos químicos en el lugar de trabajo. Algunos ejemplos son:
- silicosis;
- asma ocupacional;
- enfermedades pulmonares derivadas de la inhalación de sustancias tóxicas.
Pérdida de audición
La exposición continuada a elevados niveles de ruido puede provocar una hipoacusia profesional, frecuente en sectores como la construcción, la industria o determinados talleres.
Enfermedades dermatológicas
El contacto habitual con productos químicos, detergentes, aceites o sustancias irritantes puede originar dermatitis profesionales o alergias cutáneas.
Enfermedades producidas por agentes químicos o biológicos
Determinados trabajadores sanitarios, de laboratorio o de la industria química pueden desarrollar patologías derivadas de la exposición continuada a virus, bacterias o sustancias peligrosas.
¿Qué ventajas tiene que una enfermedad sea reconocida como profesional?
Obtener este reconocimiento no solo supone que la enfermedad quede correctamente calificada. También puede implicar importantes beneficios para el trabajador.
Entre ellos destacan:
- la obtención de prestaciones económicas más favorables durante la incapacidad temporal;
- asistencia sanitaria específica derivada de la contingencia profesional;
- acceso a tratamientos y rehabilitación relacionados con el origen laboral de la enfermedad;
- posibilidad de solicitar una incapacidad permanente con mejores condiciones cuando existan secuelas;
- en determinados casos, un recargo de prestaciones si se demuestra que la empresa incumplió las normas de prevención de riesgos laborales.
Por este motivo, merece la pena revisar la calificación cuando existan indicios de que la enfermedad está relacionada con el trabajo.
¿Cómo conseguir que la Seguridad Social reconozca una enfermedad profesional?
El procedimiento puede parecer complejo, pero suele seguir una serie de pasos.
- Acudir al médico: Lo primero es recibir asistencia sanitaria y obtener un diagnóstico preciso de la enfermedad.
- Reunir toda la documentación médica: Es recomendable conservar informes médicos, pruebas diagnósticas, historial clínico y cualquier documento que acredite la evolución de la patología.
- Demostrar la relación con el trabajo: Este suele ser el aspecto más importante.
Resulta útil aportar documentación sobre las funciones desempeñadas, la exposición a determinados riesgos, informes de prevención de riesgos laborales, evaluaciones del puesto de trabajo o cualquier otra prueba que relacione la enfermedad con la actividad profesional.
- Solicitar la determinación de la contingencia: Cuando existe discrepancia sobre el origen de la enfermedad, puede solicitarse al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) la llamada determinación de la contingencia, un procedimiento mediante el cual será este organismo quien decida si la baja deriva de enfermedad común o de enfermedad profesional.
- Esperar la resolución: Tras estudiar la documentación médica y laboral, el INSS emitirá una resolución que podrá confirmar o modificar la calificación inicial.
¿Qué ocurre si la mutua emite un informe desfavorable?
Una de las situaciones más habituales a las que se enfrenta el trabajador afectado por una enfermedad profesional es que su mutualidad considere que la enfermedad no tiene origen profesional, emitiendo un informe desfavorable.
Sin embargo, ese informe no siempre pone fin al procedimiento.
El trabajador puede aportar nuevos informes médicos, pruebas periciales o documentación adicional que permita acreditar la relación entre la enfermedad y su actividad laboral.
Además, el INSS no está obligado a seguir el criterio de la mutua si considera que las pruebas disponibles apuntan en otra dirección.
Y si finalmente la resolución administrativa tampoco resulta favorable, todavía es posible presentar una reclamación previa y, en su caso, acudir a la vía judicial.
¿Cómo puede ayudarte un abogado especializado?
Los procedimientos relacionados con el reconocimiento de una enfermedad profesional suelen apoyarse en informes médicos, normativa de Seguridad Social y pruebas técnicas que no siempre resultan fáciles de interpretar para un trabajador.
Contar con un abogado especializado puede ser especialmente útil cuando:
- la mutua de accidentes rechaza el origen profesional de la enfermedad;
- el INSS deniega el reconocimiento;
- existen informes médicos contradictorios;
- se pretende solicitar una incapacidad permanente;
- puede existir un recargo de prestaciones por falta de medidas de seguridad en la empresa.
El profesional analizará toda la documentación disponible, solicitará nuevos informes si fueran necesarios, preparará la estrategia de reclamación y defenderá los intereses del trabajador tanto en vía administrativa como ante los tribunales.
En muchos casos, una correcta preparación del expediente desde el inicio puede aumentar las posibilidades de obtener una resolución favorable.
En resumen
Las enfermedades profesionales afectan cada año a miles de trabajadores, pero no siempre son reconocidas como tales desde el primer momento.
Si una dolencia está directamente relacionada con el trabajo, es importante reunir pruebas, seguir el procedimiento previsto por la Seguridad Social y no dar por definitiva la decisión inicial de la mutua si existen motivos para discrepar.
Cuando la documentación médica es sólida y el origen laboral puede acreditarse, reclamar el reconocimiento de una enfermedad profesional no solo permite corregir una calificación errónea, sino también acceder a las prestaciones y derechos que corresponden legalmente al trabajador.
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