La ley catalana de consumidores de cannabis recurrida

La ley catalana de consumidores de cannabis recurrida
Cannabis

Las relaciones entre el gobierno de España y Cataluña no están muy fluidas, ya lo sabemos. En julio de 2017 dedicábamos un post en Consumoteca a la sorprendente Ley 13/2017, de 6 de julio, de las asociaciones de consumidores de cannabis que aprobó en su territorio la Generalitat de Cataluña. Esta ley catalana de consumidores de cannabis se propone “proteger, promover y mejorar la salud pública de la población” y “advertir de los riesgos y daños del consumo de cannabis”, intentando minimizarlos a la vez que legalizaba la creación de asociaciones de consumidores de esta droga.

Recurso ante el TC

Sin embargo, ahora informa Europa Press que el Gobierno de Rajoy va a recurrir esta ley (a la que se opuso el PP de Cataluña en el Parlament cuando se aprobó en junio de 2017) ante el Tribunal Constitucional y pide su suspensión cautelar porque vulnera competencias exclusivas del Estado como la de legislación penal,  la coordinación general de la sanidad, la legislación sobre productos farmacéuticos, la seguridad pública y las relaciones internacionales (afecta a  convenios internacionales suscritos por España).

En el recurso ante el TC, se estima que la Comunidad Autónoma de Cataluña no tiene competencias para aprobar una norma con este contenido “que no puede ampararse ni en el derecho de asociación, ni en la protección de los consumidores, ni en la protección de la salud, y que trata de regular y dar amparo legal a actividades que están tipificadas como delito en el Código Penal. Este texto legal –añade– ignora totalmente las competencias exclusivas del Estado, así como de la normativa internacional y estatal vigente“.

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Esta ley surgió de una Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que comenzó a tramitarse la pasada legislatura según la policía autonómica catalana ya hay 400 establecimientos en Cataluña.

El caso del País Vasco y Navarra

No es la primera vez que algo así sucede porque el Gobierno también interpuso en su momento recursos contra la Ley navarra reguladora de clubes cannábicos y con un artículo de la Ley de atención integral de adicciones y drogodependencias del País Vasco con la misma finalidad.

Que dice esta ley catalana

Muy resumidamente, la Ley 13/2017, permite crear asociaciones de consumidores de cannabis como asociaciones sin ánimo de lucro que se autoabastecen y distribuyen cannabis entre sus asociados, que deben ser mayores de edad y consumir esta sustancia en un ámbito privado con la finalidad que sea (lúdica o terapéutica) no recurriendo al mercado clandestino.

Por tanto estas asociaciones y clubes de consumidores puede cultivar y procesar cannabis, transportarlo y distribuirlo de forma exclusiva para el consumo individual e intransferible de sus asociados y siempre dentro del ámbito de la asociación. Sus miembros deben ser mayores de edad, consumidores de cannabis, tener el aval de otro asociado y firmar un documento de adhesión y conocimiento de los estatutos de la asociación.

 

Las asociaciones deben colaborar con la administración sanitaria en educar e informar a sus asociados sobre esta droga y los manipuladores y dispensadores deben tener la formación necesaria y continua para el cumplimiento de sus tareas y, especialmente, la relativa a las propiedades del cannabis y sus derivados, a los efectos, a los riesgos y a los daños que pueden derivarse del consumo de esta sustancia, en los términos que se establezcan por reglamento.

La asociación de consumidores de cannabis debe disponer de información actualizada sobre los servicios y los profesionales que pueden ayudarles a reducir o a abandonar el consumo de cannabis y debe darla a conocer a los asociados que quieran contactar con ellos.

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Las asociaciones de consumidores de cannabis tienen prohibido hacer publicidad del cannabis, patrocinar actividades públicas o privadas, de promoción del consumo de cannabis o para estimular la demanda del cannabis.

Derechos y obligaciones de los asociados

El miembro de una asociación de consumidores de cannabis, puede participar en las actividades que organice la asociación, recibir información veraz y actualizada por parte de la asociación, consultar su ficha de consumo y solicitar la disminución de su previsión de consumo o darse de baja de la actividad o programa de autoabastecimiento sin tener que abonar ningún coste.

En cuanto a las obligaciones de los asociados destacan la de consumir la sustancia dispensada estrictamente en el ámbito privado, evitar cualquier situación en que pueda producirse un consumo que pueda perjudicar a terceras personas, sobre todo a menores de edad, facilitar la documentación que les requiera la asociación y comunicarle sus datos personales de contacto y hacer un uso correcto de las instalaciones de la asociación y cumplir con el resto de deberes y obligaciones que establezcan los estatutos.

La realidad del cannabis

El cannabis (también llamado cáñamo, grifa, hachís, maría, mariguana, marihuana, marijuana, yerba, chocolate, hierba) es una planta herbácea, anual, con hojas opuestas, palmadas, compuestas, imparipinnadas, con folíolos en número variable, generalmente más de cinco en las plantas adultas, aunque su número y tamaño va disminuyendo a medida que la planta empieza a desarrollar sus flores. Tiene muchas utilidades, pero aquella por la que más se explota en el mundo es por sus sus propiedades psicoactivas que ha llevado a la prohibición de su cultivo en muchos países y en otras regiones, a su “institucionalización”.

El cannabis medicinal (marihuana medicinal) es el que se aprovecha como medicamento en terapias como la fitoterapia, junto conn THC y otros cannabinoides sintetizados. Hay bastantes estudios sobre la eficacia del cannabis o sus derivados con fines terapéuticos. Por ello su uso requiere una prescripción, y la distribución se realiza habitualmente dentro del marco definido por las normativas.

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En cuanto al consumo y la adicción de esta droga, según Proyecto Hombre, un 15,2% de los europeos de entre 14 y 24 años lo consumieron en 2015. “El consumo de cannabis se está convirtiendo en un ritual de iniciación propio de la adolescencia. El problema es que, con la normalización de esta conducta, están bajando las edades de inicio de consumo”, explica Elena Presencio, directora general de la Asociación Proyecto Hombre. En 2013 la edad de inicio estaba en torno a los 14 años, pero según datos de las personas en tratamiento Proyecto Hombre, han aumentado los casos en los que el proceso de iniciación se da a los 12 o 13 años.

Además, la mayoría tiene la creencia de que el riesgo de consumir marihuana es muy similar al existente con el consumo de tabaco. Y se percibe entre los adolescentes como muy fácil de conseguir: “el 65% de los escolares encuestados reconocen que es una droga fácil o muy fácil de conseguir”.

El cannabis es ya la tercera sustancia por la que jóvenes de más de 18 años demandan tratamiento al Proyecto Hombre. La mayoría de ellos vienen del fracaso escolar, muchos sufren Trastorno de Hiperactividad y Déficit de Atención (THDA), síndrome amotivacional o apatía, presentando brotes psicóticos en los casos más drásticos.

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