Ley de asociaciones

Desde siempre han habido productores de bienes y servicios (profesionales y empresas) y demandantes de los mismos (consumidores). El punto de encuentro de ambos era y sigue siendo un mercado, antes un lugar físico donde todos los días se encontraban unos con otros y hacían transacciones a cambio, primero de otros bienes y servicios (trueque) y luego de dinero. Hoy, esos mercados no solo son físicos, sino también virtuales, y ambas partes acuerdan compra-ventas a distancia, gracias a la tecnología y a Internet.

En los comienzos, los mercados eran solo locales, y las cantidades ofertadas y demandadas eran de subsistencia. Pero con las tres revoluciones industriales de la Edad Contemporánea (siglos XVII, XIX y XX), se produjeron grandes cambios económicos, laborales, ambientales, políticos, etc. al pasar de la sociedad preindustrial a la sociedad industrial (y luego a la sociedad postindustrial). Las revoluciones liberal-burguesas capitaneadas por los nuevos ricos terminaron con los regímenes políticos absolutistas y los trabajadores se tuvieron que organizar mejor para defender sus derechos ante la incipiente industrialización de las naciones. La dimensión histórica de tales transformaciones es únicamente equiparable a la revolución del Neolítico que supuso el paso de la humanidad de la fase cazadora-recolectora a la fase agrícola-ganadera.​

A partir de 1800 la riqueza y la renta per cápita se multiplicó como no lo había hecho nunca en la historia,​ pues hasta entonces el PIB per cápita se había mantenido prácticamente estancado durante siglos. En palabras del premio Nobel Robert Lucas:

Por primera vez en la historia, el nivel de vida de las masas y la gente común experimentó un crecimiento sostenido (…) No hay nada remotamente parecido a este comportamiento de la economía en ningún momento del pasado.

Con la  industrialización también llegó la producción en masa y en serie de productos de consumo y la creación de necesidades en los consumidores (a través de la publicidad en vallas y periódicos), para que con sus compras de productos, las industrias pudieran seguir produciendo más productos. Y con la competencia, la necesidad de unos productos de resaltar sobre sus competidores. Los consumidores, en principio tenían cubiertas sus necesidades básicas y podían acceder a nuevos productos, pero luego comenzaron a tener exceso de oferta y a dudar sobre la mejor elección posible entre varias alternativas, pero durante muchos años, todo lo que se producía se vendía, con lo cual, los mercados funcionaban y colocaban toda su producción con relativa facilidad.

Los análisis comparativos de productos

La Administración de Defensa de los Estados Unidos, en los años pre-bélicos de la Segunda Guerra Mundial, sin saberlo, dio origen a los análisis comparativos de productos y a la primera asociación de consumidores norteamericana, seguida por el resto del mundo. Al necesitar hacer grandes compras de materiales y tener distintas ofertas, decidieron poner a prueba los suministros de las tropas (botas, pantalones, mochilas, armas, etc.) y obligar a las empresas ofertantes a medir la calidad de sus productos mediante análisis de resistencia.

Surgen los análisis comparativos y un grupo de ingenieros procedentes de esta singular faceta de la administración pública fundan la Consumers Union, la primera gran asociación de consumidores dedicada a realizar análisis comparativos a disposición de los consumidores, que, a su vez, pagaban por una publicación con los datos de esos análisis, ya que les ayudaban a comprar mejor. A la revista de CU se la conoce como Consumer Reports, y que tiene millones de suscriptores en EEUU (8 millones en 2008, antes de que se pusieran de moda las opiniones de productos en Amazon o de servicios en TripAdvisor).

Te aconsejo fervientemente echar un vistazo a este vídeo de 1960 de la Consumers Union, sobre cómo surgen los análisis comparativos (perdón que está en inglés).

Nacimiento del Consumerismo

En las posguerra mundial de 1950, con la reconstrucción que tuvo lugar en Europa, y la superproducción en Estados Unidos las empresas comenzaron a invertir la anterior tendencia en la que todo lo que se producía se vendía. La organización empresarial trabaja para colmar la demanda (economía de Oferta) y se cumple el que, cuanto más eficiente la cadena de producción, mejor (estructura de silos).

Un gran ejemplo de esta época en España fue el Seat 600. He rescatado este relado de la interesante web Historia Seat:

Durante 1963 el salario mínimo se encontraba alrededor de las 60 pesetas, cosa que planteaba serias dificultades al sector del automóvil para conseguir vender sus productos…. El mercado se encontraba concentrado en tres principales modelos: el 2CV de Citroën, el R-4 de Renault (cuatro latas) y el más conocido de todos, el SEAT 600 de la SEAT.

Durante los primeros años de fabricación del 600, la demanda de estos vehículos fue superior a la capacidad de producción de la empresa, cosa que contrasta con el elevado precio para la época. No es de extrañar, si tenemos en cuenta que la empresa , en aquellos momentos, sólo podía llegar a una media de 300 coches diarios con su plantilla de 10.000 trabajadores.

Pero llegó un momento en el que en vez de esperar seis meses hasta obtener tu Seat 600, ya se podía elegir el color y el motor. Y fue cuando la economía se volvió de Demanda y dejó de ser de Oferta. Ya no se vendía todo lo que se producía y las empresas comenzaron a invertir masivamente en publicidad para dar salida a su producción.

Con la publicidad comienza a haber un montón de información imperfecta (pre-Internet) en los mercados y los consumidores están perdidos a la hora de elegir entre dos marcas. ¿Cuál será mejor? ¿Merece la pena pagar más por esta otra? Surge el poder compensador de las asociaciones de consumidores, que mediante la elaboración y publicación de análisis comparativos, consiguen prestar un gran servicio a los consumidores.

Papel de las asociaciones de consumidores

Desde los años 60 hasta los 2000, las asociaciones de consumidores mundiales juegan un papel fundamental al arbitrar entre los poderes públicos y las empresas y obligar a ambas a legislar mejor y a cumplir estándares de seguridad más exigentes. Gracias a las asociaciones de consumidores (en España surgen en los años 60 las asociaciones de amas de casa, al amparo del «movimiento» franquista para en los años 80 tomar el apellido de «amas de casa, consumidoras y usuarios», pero la primera gran asociación es la Organización de Consumidores y Usuarios, OCU, fundada por Antonio García-Pablos, un personaje muy interesante en aquella época, que escribió el libro «35 millones de consumidos».

La llegada de Internet

Después, con la llegada de Internet, el verdadero poder compensador se desplaza a los consumidores de a pie internautas. Tanto que la revista Time le dedica esta interesante portada:

Internet y la ingente información a nuestra disposición online, hoy…. son la asociación de consumidores. Aunque, como en todas partes, la desinformación muchas veces es superior a la información y los miles de consumidores que nos han escrito a Consumoteca con sus dudas lo demuestran cada día. Ante un problema «sencillo» de consumo, no conocen los pasos a dar.

El objetivo de Consumoteca

Consumoteca nace en 2009 con el objetivo de dar información y consejos a los consumidores en España ante problemas de consumo. Es una web gratuita liderada por Juan del Real Martín y varios abogados y profesionales, con más de 4000 contenidos prácticos, documentos y plantillas descargables con contratos-tipo y un directorio de profesionales valorados por sus clientes.

Nos vemos pronto.

Me llamo Juan del Real. Soy economista y experto en derecho del consumo, finanzas personales y comercio electrónico. He vivido en un montón de sitios y me gusta leer y montar en moto. Tras trabajar ocho años en la más grande de las asociaciones de consumidores de España, decidí montar y financiar de mi bolsillo Consumoteca.com en 2009 para ayudar a conseguir gente mejor informada a la que no timen las empresas.

Consumoteca es una web gratuita para toda la comunidad y quiero contribuir con mis conocimientos tanto en derecho del consumo como en Internet, y educación financiera a una sociedad más informada y a que las empresas nos respeten más como consumidores y usuarios.

Lo que me gusta de este proyecto es que está vivo y crece cada día. Todos tenemos una responsabilidad como consumidores. La mía está aquí, en Consumoteca.com.