Un seguro es un contrato por el que cubrimos, mediante el pago de una prima, la eventualidad de un riesgo que puede producirse o no, durante el plazo en que estemos cubiertos por el mismo (generalmente la anualidad).
Más precisamente, según la Ley del Seguro*:
“El contrato de seguro es aquel por el que el asegurador se obliga, mediante el cobro de una prima y para el caso de que se produzca el evento cuyo riesgo es objeto de cobertura a indemnizar, dentro de los límites pactados, el daño producido al asegurado o a satisfacer un capital, una renta u otras prestaciones convenidas”.
Luego, nos aseguramos por la posibilidad de que, por azar, se produzca un hecho o contingencia que genere una necesidad de reparación sobre nuestros bienes, y especialmente sobre los de las personas terceras con las que interactuamos cada día (vecinos, peatones, conductores, etc.).
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