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Una alimentación cardiosaludable es una alimentación que sirve para conservar o restablecer la salud del sistema cardiovascular o circulatorio, es decir, de las arterias y venas, y así de paso, del corazón, del cerebro y de todos los demás órganos. Es un factor muy importante para prevenir las enfermedades cardiovasculares.
La dieta mediterránea reúne las características de alimentación cardiosaludable y es candidata a ser nombrada por la UNESCO dieta “Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad”.
Una alimentación cardiosaludable consiste en una dieta equilibrada, con consumo abundante de cereales y sus derivados (pasta, arroz, pan, cereales, etc.), legumbres, frutas y frutos secos, verduras y hortalizas, pescado azul y aves, y con cantidades moderadas de carnes rojas, huevos y derivados lácteos enteros.
Conviene evitar las grasas saturadas y el colesterol. Para ello debemos eliminar de nuestra dieta embutidos, yemas de huevo, fritos comerciales y bollería industrial que llevan grasas trans o hidrogenadas, y sustituir los lácteos enteros por los desnatados, la mantequilla por el aceite de oliva, y las carnes grasas por carnes magras con poca grasa, como el conejo o el pollo sin piel. Además, hay que procurar cocinar los alimentos con poca grasa: al horno, a la plancha, a la parrilla, al microondas o cociéndolos al vapor.
También conviene reducir la ingesta de sal, de azúcar y de sodio, evitando los alimentos ricos en sal, como por ejemplo: los cubitos de caldo, las sopas comerciales, el bacalao salado, el tocino de cerdo, el beicon, las patatas fritas comerciales y los embutidos. Para hacer más sabrosos los platos se pueden utilizar especias y hierbas.
Fuentes: Fundación Española del Corazón (www.fundaciondelcorazon.com) Revista Consumer Eroski on line, Guía de salud |